#reflexiones

Día Internacional de la Mujer: Las invisibilizadas

Porque el colectivo femenino es el menos visible de todo el espectro.

mujer

Hoy es el día internacional de la mujer, y por eso quise hacer este post dedicándoselo al colectivo menos visible dentro del espectro autista: las mujeres con esta condición.

Les contaré algo: de pequeña, yo hubiese querido nacer hombre. No tengo disforia de género pero sin embargo no me sentía cómoda siendo mujer -ahora sé que probablemente tampoco hubiese “encajado” siendo hombre, pero en ese momento creí que tal vez era el hecho de no parecerme a ninguna otra nena la causa de mis problemas-. Una cosa va con la otra, sin duda, y el hecho de que haya tantos estereotipos ligados al “ser mujer” no ayudó en lo más mínimo a mi inclusión en la sociedad ni a mi propia aceptación de mí misma como tal.

Mucho más tarde en el tiempo, y ya habiendo aprendido que hay millones de maneras distintas de ser y de sentirse perteneciente al género femenino, de haberme amigado con mis “masculinidades” -mal llamadas así, obviamente, porque el hecho de que sea buena reparando cosas electrónicas es tan masculino como que me guste ponerme crema en las manos antes de dormir- y, en definitiva, de haberme aceptado tal y cómo se me cantó ser, llegó mi diagnóstico de Asperger.

Este camino no fue sencillo, y quiero detallar por qué, ya que considero que la causa fundamental es que hay una invisibilización absoluta de las condiciones del espectro autista en las mujeres.

Tal vez la primer razón de esto es que el autismo está muchísimo más estudiado en hombres que en mujeres, así como también lo está mucho más documentado en niños que en adultos (y ni hablar de adultas). Si bien existe la creencia de que la prevalencia en niños varones es mayor a la prevalencia en niñas, esto parece ser desmentido en la práctica, ya que el diagnóstico en la adultez nos va demostrando que las mujeres en general simplemente “llegamos tarde” al diagnóstico. Hay diversas teorías que buscan explicar esto: por un lado tenemos la conocida teoría del “cerebro hipermasculino” de Baron Cohen, que explicaría que los síntomas en las mujeres fueran más leves, menos visibles y que, por lo tanto, haya tanto subdiagnóstico en la población femenina. Pero el hecho de que nuestros síntomas sean menos visibles no explica algo fundamental: que se estudie menos. Las dificultades, si bien menos notorias, pueden ser tan incapacitantes como en la población masculina, si no más, ya que al no ser diagnosticadas a tiempo no podemos acceder a las terapias que podrían hacer que nuestra condición deje de ser un problema y pase a ser simplemente eso: una condición. El hecho de no poder acceder al diagnóstico nos condena a no poder adquirir herramientas básicas, a no poder conocernos a nosotras mismas con plena conciencia de saber quiénes somos y por qué somos como somos.

Avasalla nuestro derecho a la identidad.

Incluso cuando sea real que hay más varones que mujeres con autismo -cosa que, como expongo, en realidad no se sabe fehacientemente-, es necesario que se empiece a estudiar el autismo con perspectiva de género. Aunque sólo hubiese una mujer cada cuatro hombres con autismo, esa mujer cada cuatro tiene los mismos derechos a acceder a su diagnóstico y a que éste sea entendido, estudiado y bien documentado.

Cuando me dijeron “tal vez tengas Asperger”, me puse a investigar sobre el tema y ¿qué encontré? Encontré muchísima información sobre niños varones con Asperger. Si bien podía identificarme en algunos puntos, había muchos otros con los que no me sentía en absoluto identificada, ya que claro, los problemas que tienen los niños no son los mismos que tienen las niñas e, incluso, el autismo se presenta en forma levemente distinta en unos y en otros. Eso logró que mi decisión de hacerme evaluar se fuera dilatando y retrasando. Hubiese llegado antes a mi diagnóstico si la información “a mano” hubiese hablado también de niñas y de mujeres.

Espero que las niñas de hoy puedan llegar a antes a poder terminar de poseer la información que necesitan para poder ejercer sus derechos plenamente, porque sin duda, el hecho de conocerse a una misma es un derecho fundamental.

Espero que ninguna otra niña deseé ser hombre sólo por el hecho de no saber por qué es distinta al resto.

Espero que ninguna otra niña que prefiera estar sola leyendo en el recreo y no sea capaz de hablar con sus compañeros sea ignorada, sólo porque “no causa problemas” y no tiene tantos desafíos conductuales.

Espero que las niñas de hoy puedan acceder a su diagnóstico hoy: siendo aún niñas. Que no deban esperar a ser mujeres adultas para terminar de completar un rompecabezas al que siempre le faltó una pieza: la información.

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