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10 metidas de pata comunes entre neurotípicos

Si vas a hablar con alguien con TEA, por favor, tené presente no cometer estas torpezas sociales.

autismo

Se habla mucho de las torpezas sociales que solemos cometer las personas dentro del espectro autista: ya sea por nuestra literalidad o por nuestra falta de filtro

A cualquiera puede pasarle, y es necesario ser tolerante, obviamente, pero quiero destacar que no somos los únicos que las cometemos.

Por lo tanto, decidí enlistar las 10 "metidas de pata" más comunes que se cometen con nosotros.

Si alguna vez dijiste alguna de estas cosas, lo más probable es que haya sido desde la mejor de las intenciones y nunca con ánimo de lastimar, pero a veces está bueno repasar un poco qué decimos y cómo lo decimos.

Después de todo, nosotros lo hacemos todo el tiempo...

Uno:

Insistir en que, si quisiéramos, podríamos “ser normales”:

No. No sólo no podríamos, probablemente, sino que la mayoría no lo deseamos. Es más, habemos algunos que podemos pretender vernos como “normales”, pero pagamos un costo muy alto por eso. Por lo tanto, cuantas menos veces debamos hacerlo, mucho mejor!

Dos:

Decir “pero no se te nota ni un poquito”:

A algunos se nos nota menos, es cierto. Pero sólo el hecho de que hayamos tenido que buscar un profesional con el ojo entrenado para que nos evalúe debiera dar la pauta que, al menos en nuestro interior, sentíamos que alguna respuesta necesitábamos.

Tres:

Decir que “no tenemos maldad”, que “somos ángeles”, etc:

Por favor, si alguien conoce a alguna persona que no tenga al menos un sentimiento mezquino cada tanto, que me la presente. Hasta ahora no conocí ninguna, ni por dentro ni por fuera del espectro autista. Bueno, tal vez algún que otro bebé muy pequeño, pero en general todas las personas tenemos, cada tanto, ratitos de “maldad” (léase envidia, bronca hacia otra persona, o cualquier otro sentimiento considerado negativo). No sólo que no somos 100% inocentes, sino que tenemos todo el derecho del mundo a no serlo, como el resto de la población. Esta forma de denominarnos hace que nos separen aún más del resto de la población y la mayoría quiere justamente lo contrario: poder incluirse en la sociedad.

Cuatro:

Decir que “somos todos iguales”:

No somos todos iguales. El concepto de “diversidad” implica eso: somos todos diferentes, pero hay que aprender a respetar lo que nos hace diferentes a unos de otros.

Cinco:

Decir “todos tenemos algo”:

Debo reconocer que es cierto que todos “tenemos algo”, no es que no sea cierto, pero tampoco es cuestión de minimizar las dificultades de un diagnóstico en concreto (sea el que fuere). Es como que que yo le diga a una persona celíaca que a mí también las harinas me caen pesadas. Ok, a mí me pueden caer pesadas las harinas, pero las como y finalmente las digiero. No es lo mismo. Acompañar al otro sí, pero negar sus dificultades es muy poco amable.

Seis:

Compararnos con cualquier personaje de ficción:

No importa si nos comparan con Sheldon Cooper, con Rainman o con cualquier otro estereotipo televisivo. Son estereotipos que no se ajustan a la realidad de la mayoría de las personas con autismo.

Siete:

Compararnos con gente famosa que supuestamente tuvo/tiene autismo:

Einstein, Messi, Vladimir Putin, Bill Gates… Si alguno tiene diagnóstico oficial y habla (o habló) abiertamente sobre el tema, bienvenido sea. Pero sino, no, gracias, no es necesario y no es productivo ir diagnosticando gente porque a alguien se le ocurrió. Por otro lado, casos como el de Einstein, Newton, Mozart y otros lo único que hace es poner presión sobre la gente con autismo. No seremos todos Einstein, pero cada cual tiene lo suyo como para poder destacarse, progresar y ser feliz. Con eso basta.

Ocho:

Hablar de “niños con autismo” cada vez que se habla de autismo:

Por suerte el autismo no provoca la muerte súbita al llegar a la mayoría de edad. Los “niños con autismo” se convierten en “adolescentes con autismo” y luego en “adultos con autismo”. El hablar del autismo como algo propio de los niños lo único que logra es invisibilizar aún más a la gente con autismo (incluso a los actuales niños, porque éstos también crecerán).

Nueve:

Hablar del autismo como algo que se padece, se sufre, etc, o bien hablar del autismo como una enfermedad:

El autismo no se sufre. Se sufren los prejuicios de la sociedad, como así sufren estos prejuicios los homosexuales, por ejemplo. Hoy en día hablar de “curar” la homosexualidad suena no sólo retrógrado, sino absolutamente discriminatorio. De la misma forma que nosotros, una persona homosexual no se despertó un día y dijo “hoy me van a empezar a atraer las personas de mi mismo género”, nosotros no decidimos “ser autistas” porque es cool y sumamente divertido. Simplemente lo somos, y va siendo hora de que esto sea asumido por toda la comunidad: no vamos a dejar de ser autistas, así que mejor será conocernos y aceptarnos tal y cómo somos.

Diez:

No escucharnos cuando hablamos de nuestra condición:

Sobre nosotros hablan mucho los padres, los profesionales, las asociaciones de terapeutas, etc. Está perfecto, pero a veces nos frustra un poquito cuando nos metemos a opinar sobre alguna cuestión relacionada con nosotros nos manden a callar. Creo que eso ocurre cuando emitimos alguna opinión desde nuestra perspectiva que contradiga a la creencia general. Por ejemplo, con el tema de que “no tenemos maldad” si le llegamos a refutar eso a algún padre/madre de un niño con autismo que insiste en lo contrario nos dirá “pero mi hijo no tiene maldad”. Cada uno ve a sus hijos como se le ocurra -yo también soy mamá y veo a los míos como bastante cercanos a la perfección- pero generalizar al resto de la comunidad autista a causa de esas percepciones obviamente sesgadas por el afecto no nos ayuda, ni a nosotros ni a sus propios hijos.

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