#diagnóstico

Me diagnosticaron CEA. ¿Y ahora qué?

Las primeras reacciones cuando te diagnostican una condición del espectro autista siendo adulto.

mujer dudando

Esta nota va escrita de manera totalmente personal y no busca generalizar. Si bien la gran mayoría de las notas que escribo buscan aportar mi propia visión sobre algunos temas, esta en particular es bastante personal, ya que cada persona vivirá la noticia de una manera distinta.

Tal vez hayas estado buscando el diagnóstico durante mucho tiempo, o tal vez haya sido algo rápido y sencillo, ya que has tenido la suerte de encontrar profesionales capacitados de primera intención. Sea como sea, cuando finalmente obtienes un papel firmado por un médico que dice que tienes un trastorno del espectro autista siempre ocurrirá una revolución dentro tuyo.

Por un lado, alivio: «Bien. Era justo lo que pensaba. Ahora sé por qué me pasan las cosas que me pasan». Por otro lado, puede haber algo de incredulidad «¿No se habrán equivocado? ¿Me habré sugestionado y habré magnificado un poco los síntomas durante la evaluación?». Eso dura un tiempo relativamente corto, por suerte, hasta que finalmente aceptás que definitivamente tenés el diagnóstico que corresponde. Imagino que ese proceso se da bastante rápido porque, si estás bien diagnosticado, habrá tantos puntos oscuros que queden claros finalmente, que no habrá mucho lugar a la duda.

Luego de la aceptación del diagnóstico, viene una etapa larga en la cual uno resignifica toda su vida, varias veces. Irás repasando una y otra vez anécdotas que recuerdes de tu infancia, de tu adolescencia y de cada etapa de tu vida, pero viéndola con nuevos ojos: los ojos del diagnóstico. Cada vez que te olvides de una fecha dirás «ah, es que son mis funciones ejecutivas»; cada vez que te de una migraña por haber estado en un ligar ruidoso dirás «claro, es que tengo hipersensibilidad sensorial auditiva»… Creo que es un trabajo necesario, porque no solo ayuda a poder asimiliar el diagnóstico como parte integrante de tu persona, sino que te lleva a comprender cada vez más tu pasado y todas las situaciones que hayas podido vivir previamente.

Es probable que a raiz de todo este proceso también te surja la necesidad de corroborar cómo son otros autistas adultos de alto funcionamiento o con asperger y te unas a todo grupo virtual que puedas, que empieces a asistir a reuniones presenciales y que, en definitiva, transformes tu propio diagnóstico en un interés restringido por un tiempo

Como describí previamente, esta etapa puede ser bastante larga y durar años, incluso. En algunas ocasiones estará signada por cierta alegría por el descubrimiento —como fue mi caso— y en otras no será tan agradable, sino que se tratará de un proceso en el que también debas asumir que hay cosas por resolver, como ansiedades, depresiones y otras yerbas varias que suelen acompañarnos. Sea de la forma que sea, no será una etapa que pase desapercibida, sino que creo que todos la vivimos bastente intensamente.

Es la etapa de preguntarse «y ahora qué» permanentemente. Y ahora, que sé que tengo asperger ¿se lo digo a mis familiares? ¿lo cuento en el trabajo? ¿lo tomarán bien?. Ahora, que sé que soy autista ¿debería sacar un certificado? Ahora, que finalmente tengo el diagnóstico ¿me armo una página para hablar de eso?

Por suerte esa etapa no es eterna, lo cual quiero recalcal porque en un momento de mi propia vida me pregunté «¿y si esto nunca pasa? ¿si sigo por siempre resignificando todo lo vivido y todo lo que me pasa a diario?». Pero no, por suerte pasa. En algún momento, casi sin percibirlo, nos acostumbramos tanto que deja de importarnos y nos trasladamos del «tengo CEA, ¿y ahora qué?» al «tengo CEA, ¿y qué?».

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